Escuchar tu música

Ciclo A – Domingo V Tiempo Pascua

Juan 14, 1-12
Durante la última cena, Jesús dijo a sus discípulos: «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy». Tomás le dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino? » Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. : i Ya desde ahora lo conocen y lo han visto». Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que Yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que Yo hago, y aún mayores, porque Yo me voy al Padre».
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Vengo de una familia musical donde todos mis hermanos y hermanas tocaban música y mi padre era conductor de la Orquesta Sinfónica de Maastricht. Yo nací escuchando música a todo mi alrededor.

Esto nos lo cuenta André Rieu, violinista, director de orquesta y compositor holandés. Y nos deja claro, por qué es quien es. Y a nosotros, si no me equivoco, nos parece muy lógico que sea músico, ya que viene de una familia de músicos. Creció en un ambiente musical y, bien diríamos recurriendo a un lugar común: Lo lleva en la sangre.

Si embargo no nos parece tan lógico que aquellos discípulos que vieron y escucharon al mismo Hijo de Dios, aún no supieran claramente quién era es el Padre o cuál era el Camino para llegar a donde iba Jesús. Y la pregunta que resuena con fuerza es: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?»

Pero aquí, más allá de quedarnos sorprendidos, o criticar a aquél discípulo, tal vez deberíamos preguntarnos: ¿Acaso Jesús podría decirnos lo mismo a cada uno de nosotros?

Con todo lo que sabemos de Dios, la respuesta tendría que ser no. Somos católicos apostólicos romanos y hemos aprendido lo suficiente de Jesús y no cabe tal afirmación. Pero si es cierto lo que acabamos de decir, ¿por qué en ocasiones elegimos caminos que nos son los de Cristo, o sostenemos verdades que no tienen que ver con con Dios, o llevamos vidas que contradicen lo fundamental del mensaje del evangelio?

Por supuesto que la vida no es blanco o negro y que, casi sin quererlo, nos situamos en el medio, en color gris, porque aún sabiendo el camino, preferimos otras rutas que nos prometen felicidad sin fin. Y con esto no digo que seamos los peores, sino simplemente que esto cabe en nuestra condición humana. Tal vez por eso este evangelio lo podemos tomar como un recordatorio, como un modo de tomar consciencia y saber dónde y con quién vamos. Y para pensar qué debemos hacer en consecuencia.

Antes citaba lo que decía André Rieu y lo traigo a colación porque tal vez sea, en parte, la respuesta a nuestros olvidos o  desconocimientos de Dios. Hará falta, por lo tanto, hacernos de un ambiente más lleno de música, de música de Dios, de sonidos y palabras que resuenen en nuestro interior y que nos hagan amar lo que vivimos. Probablemente sea el modo más fácil para no olvidar quién es el Camino, la Verdad y la Vida. Porque lo que queremos es estar con Dios, ¿verdad?  ¿O sólo lo tenemos para que nos cure, nos saque de apuros cuando no sabemos qué hacer, o nos evite la muerte?

Para saber dónde va Jesús, para conocerlo más y mejor y poder amarlo con todo el corazón, con toda el alma y con todo nuestro ser, hace falta que escuchemos con atención lo que nos dice, lo que canta, su música. Es la única manera en que podremos concluir que él es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. De otro modo, nuestra fe y religión podrían reducirse a un cumplimiento de ciertas normas y preceptos que, en buena lógica, nos ganarían el cielo. Pero resulta que Dios, especialmente, es vida y hacer vida aquello que nos enseña.

¿Qué música suena en tu interior?

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