Pescar personas

Pescador de hombres (2)

Ciclo C – Domingo V del Tiempo Ordinario

Lucas 5, 1-11
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y Él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes». Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si Tú lo dices, echaré las redes». Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres». Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.
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Scott Hahn, teólogo calvinista, recorre un largo camino, junto con su esposa, para llegar a la que luego llamará “Roma dulce hogar”. Ambos relatan su largo viaje al catolicismo, y son un ejemplo de fidelidad a la verdad que van descubriendo. Su peregrinaje fue muy difícil, pero lo fue más para Hahn, ya que él era profesor de teología protestante. Y cuenta que un día entró a una iglesia católica, se sentó atrás y se quedó a la misa que comenzaba. No se decidía a arrodillarse. Pero, “tras pronunciar las palabras de la Consagración, el sacerdote mantuvo elevado el pan consagrado. Entonces sentí que la última sombra de duda se había diluido en mí. Con todo mi corazón musité: “Señor mío y Dios mío. ¡Tú estás verdaderamente ahí! Y si eres Tú, entonces quiero tener plena comunión contigo. No quiero negarte nada”.  Hahn siguió yendo a misa y concluye diciendo: “En menos de dos semanas ya estaba atrapado”.

Este es un extracto del libro “Roma dulce hogar. Nuestro camino al catolicismo”, de Scott y Kimberly Hahn, donde, como vimos, nos relatan cómo llegaron hasta su conversión al catolicismo. Y si bien podríamos resumir diciendo que el evangelio se trata de la pesca milagrosa, también estoy convencido de que tiene que ver con la conversión. Tal vez no exactamente con la de aquellos protestantes, pero sí con la de Pedro y la nuestra.

Lucas presenta tres momentos. La prédica de Jesús desde la barca, la pesca milagrosa y luego el decidido seguimiento a Jesús de aquellos pescadores. Y el punto que más resaltamos, comúnmente, es el de las redes llenas de peces, a pesar de que los entendidos estaban convencidos de que no saldría nada, después de una noche sin pescar. Y la sorpresa fue tan grande que aquellos decidieron ir detrás de quien hacía tales portentos.

Esto puede quedar en un simple relato de uno de los tantos milagros de Jesús, o hacernos pensar acerca de nuestra vida. Y digo esto porque en más de una ocasión vamos en nuestras barcas. Sabemos cómo se hacen las cosas y tenemos nuestros objetivos, que podríamos resumir en querer sacar peces del agua. Pero esa pesca, en ocasiones, no se da. Aunque tiremos las redes, una y otra vez, estas salen vacías y eso suscita, probablemente, una sensación de fracaso. Quién no ha sentido el fracaso en carne propia. Todos hemos pasado por él. Y esto lo podemos pensar en muchos aspectos de nuestra vida: El laboral, el familiar, en los estudios, en cuestiones de fe, en el amor, en la amistad. Y así haríamos una lista larga. La cuestión está en qué hacemos ante el fracaso.

Lo primero que decimos, con respecto a todo esto, es que no podemos perder de vista el ejemplo de Pedro y sus compañeros. A pesar de no haber pescado nada en toda la noche, sin embargo se fían de lo que Jesús les dice y tiran las redes. Y aquí es donde nosotros nos cuestionamos. ¿Nos quedamos en el lamento de lo que pudo haber sido o volvemos a intentarlo? Y en esto no buscamos respuestas correctas, sino las que son ciertas en nuestra vida. Bien podríamos decir que entra en juego la confianza que tenemos para hacer, como aquellos pescadores, lo que parece sin sentido, pero que resulta una solución. Y estoy convencido de que Dios, a través de hechos o personas, nos pide que volvamos a tirar las redes, que sigamos buscando, que intentemos nuevamente, pero depende de nosotros el hacerlo o no. Aunque para llegar a este punto, es imprescindible haber vivido otro: Poner atención y escuchar lo que Jesús nos dice. Si no lo escuchamos, si seguimos con “nuestros cálculos lógicos”, tal vez nos perdamos el milagro de una pesca abundante.

Antes citaba a Scott y Kimberly Hahn, no porque sean súper especiales, o porque llame la atención que unos protestantes se conviertan al catolicismo, sino porque son un ejemplo claro de que Dios sigue hablando y, si le prestamos el oído, terminamos escuchando las palabras de Jesús, como Pedro. Y son esas palabras las que cambian, las que transforman, las que convierten. Aquella pareja luchó por encontrar la verdad y lo lograron, en la misma Eucaristía, donde habla Dios directamente, porque él mismo se hace presente.

Ojalá logremos confiar en lo que Dios nos pide, aunque nuestros cálculos nos digan otra cosa. Porque si eso sucede, seguramente terminaremos como Pedro, reconociendo a Jesús vivo en nuestras vidas. Y esto es remar mar adentro, porque nos animamos a profundizar en la relación con Dios, para descubrir qué quiere de nosotros, ya que no podemos quedarnos en la superficie de las cosas que debemos hacer como cristianos: Observar los preceptos, hacer ayunos, abstinencias y confesarnos al menos una vez al año porque así lo manda la Iglesia. Si sólo hacemos esto y pensamos que ya hemos cumplido con Dios -con perdón- me atrevo a afirmar que sólo nos hemos quedado en la superficie. Y claro que son prácticas buenas y recomendables, pero es sólo la superficie de nuestra relación con Dios.

Tenemos que ir mar adentro, tenemos que aprende a confiar en él, y para eso habrá que aprender a escucharlo, como lo hizo Pedro. Ya que si sólo nos escuchamos a nosotros mismos, podremos hacer cosas buenas, por qué no, pero tal vez no aquellas que Dios, en algún momento, nos puede pedir.

Creo que la religión se ha quedado, en estos tiempos, en la superficie, y tenemos que ir más adentro, tenemos que ir mar adentro. ¿Por qué este panorama? ¿Por qué, por ejemplo, cada vez menos jóvenes quieren saber de Dios? ¿Por qué? Si Dios es bueno. ¿En qué nos hemos equivocado los que ya hemos pasado delante de ellos? ¿Dónde hemos fracasado en esta transmisión de la fe? Y esta pregunta me la hago personalmente, porque soy sacerdote, y me digo: ¿En qué he fracasado? ¿Por qué parece  que no llego con el mensaje?

Finalmente, creo que el evangelio de hoy nos invita a que nosotros también seamos pescadores de hombres. No porque vayamos a convertir a todos en curas, monjas o consagrados, sino porque somos capaces de darles a Dios, para que otros también crean. Es difícil, por supuesto, pero puede estar al alcance de cualquiera. No se trata de estar hablando de Dios y de religión todo el día, pero sí tendremos que hacer el esfuerzo de confiar e intentar vivir como Dios nos pide. Esa vivencia, seguramente, pescará otras personas.

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4 thoughts on “Pescar personas

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