Lo esencial

Bautismo de Jesús 2

Ciclo C – Bautismo del Señor 

Lucas 3, 15-16. 21-22
Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan Bautista no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: «Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego». Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».
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Me han sucedido muchas cosas, como a todos los hombres. He encontrado placer en muchas de ellas: nadar, escribir, contemplar un amanecer o un atardecer, estar enamorado. Pero el hecho central de mi vida ha sido la existencia de las palabras y la posibilidad de entretejer y transformar esas palabras en poesía.

Esta es una afirmación de Jorge Luis Borges, en Arte poética: seis conferencias. Es algo que él dijo, pero que también lo podría decir cualquier otro amante de las letras, porque ha descubierto lo esencial en el arte de escribir. Al mismo tiempo, y aunque el evangelio no nos habla de literatura, sí creo que nos cuenta acerca del hecho central en la vida de Jesús y, por qué no, tal vez en nuestras vidas también.

El evangelio nos trae esta imagen del bautismo de Cristo y cómo, desde el cielo, Dios declara su predilección por su hijo. Especialmente, vemos al Espíritu Santo descender. Y todo esto es muy importante en la vida de Jesús. De hecho vemos que los cuatro evangelistas narran este acontecimiento, cosa que no sucede con todo lo que nos cuentan de la vida del Nazareno. Y esto mismo, me parece, debería darnos una clave importante: Es trascendente para Jesús su bautismo y recibir el Espíritu Santo. Entonces, para nosotros, ¿es igual de importante el que hayamos sido bautizados y recibido el Espíritu?

En la vida vamos descubriendo aquello que nos da alegría. Hay algunas cosas que nos satisfacen mucho y que hasta nos reportan plenitud. Seguramente conocemos a muchas personas que se muestran excepcionalmente felices, las cuales suelen afirmar que hacen lo que les apasiona. Y, a lo mejor, nuestro caso es algo parecido. ¿En que encontramos felicidad? ¿Qué nos hace realmente plenos? Tal vez esa satisfacción la encontremos, por ejemplo, simplemente en estar con la familia, en cuidar a los hijos o a lo nietos, o en alguna otra experiencia personal que hemos podido vivir.

Antes citaba a Borges, especialmente por la parte en que dice: «El hecho central de mi vida ha sido la existencia de las palabras y la posibilidad de entretejer y transformar esas palabras en poesía». Y es que, si me permiten la comparación, este pensamiento podría ser nuestro, entonces cada uno de nosotros afirmaríamos: El hecho central de mi vida ha sido la existencia en mí del Espíritu Santo y la posibilidad de entretejer y transformar ese Espíritu en obras de Dios. Es que si Él nos habita, no puede menos que salir de nosotros ese mismo Espíritu, ese mismo Dios, ese mismo Amor que llevamos dentro. ¿Será que esto lo podemos afirmar sin temor a equivocarnos? ? ¿Es realmente un hecho central en nuestras vidas el haber sido bautizados y el haber recibido el Espíritu Santo?

Este tema me ha traído a la memoria una gran acontecimiento, entonces pregunto: ¿Recordamos nuestra fecha de bautismo? Ahí hemos nacido a la vida de Dios y del Espíritu, como Jesús. Y si para él fue trascendente este momento, para nosotros debería serlo tambén. Y bueno saber que la vida en el Espíritu, no es sólo para los grandes místicos o para aquellos que deciden vivir en un convento de clausura, sino que es para todo aquél que es hijo de Dios, como lo somos nosotros, por haber sido bautizados con agua y Espíritu Santo.

El Espíritu y la vida en el Espíritu es lo más importante y lo que más nos va a hacer semejantes a Jesús. Siempre pensamos que parecernos a él tiene que ver con hacer el bien y amar a las personas y nada más. Y es verdad que tiene que ver todo lo que acabamos de decir, y si lo vivimos así, es ya una cosa buenísima. Pero podemos afirmar que hay muchos que no creen en Dios y hacen tantas o más cosas buenas por las demás personas que cualquier creyente. ¿En qué nos diferenciamos, entonces, los cristianos frente a cualquier filántropo? Creo que el plus, o la diferencia, está en la vida en el Espíritu. Es lo que nos distingue y lo que distinguió a Jesús de cualquier otro profeta.

Este es un camino interior que debemos estar dispuestos a hacer. No se da por arte de magia. Y es lo que nos hace crecer en el amor a Dios y al prójimo, lo que da sentido a la vida de fe.

Ser hombres y mujeres espirituales no podemos confundirlo con simple vida de beatos, o cumplidores de los preceptos de la Iglesia. Ser espirituales tiene que ver con experimentar a Dios internamente. Lo cual nos lleva a hacer y hablar desde el mismo amor de Dios que sentimos. Es el Espíritu el que, al igual que Jesús, nos da vida.

¿Por dónde empezar? Tal vez por hacernos conscientes de que Dios habita en nosotros.

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