Con tenazas

Rechazo

Ciclo B – Domingo XXI Tiempo Ordinario

Juan 6, 60-69
Después de escuchar la enseñanza de Jesús, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?» Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede». Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de Él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse? » Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».
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“La palabra de Dios es como fuego ardiente y nosotros sentimos la tentación de acercarnos a ella con tenazas para no quemarnos”. Esta es un frase de Georges Bernanos, ensayista, novelista y dramaturgo francés. El bien y el mal y el hombre son, podríamos decir, sus principales temas de reflexión.

El evangelio no habla exactamente de lo mismo que menciona Bernanos, pero sí nos presenta una realidad cruda, como es el abandono de Jesús por parte de algunos discípulos. Estos sienten que es difícil entender y seguir a Jesús y el mensaje que transmite. No son capaces de continuar. Y creo que algo parecido le sucedería a muchos de los que escuchaban la propuesta de Cristo, tal vez por no entender completamente lo que él proponía, o por ver que sería muy difícil hacer lo que se pedía. Por otro lado, también está la pregunta, un poco desoladora, que Jesús le hace a los que se quedan: «¿También ustedes quieren irse?»

A nosotros nos puede sorprender la deserción de algunos discípulos, y la incomprensión, por ejemplo de todos aquellos que escuchaban que, para tener vida eterna debían comer el cuerpo de Jesús, o simplemente no entendían eso de tener que amar al enemigo. En cambio, ahora, desde otra perspectiva y conocimiento, nos puede parece muy natural hablar y enseñar lo que Cristo proponía, pero es muy probable que queda gente se quedara más bien con la literalidad de las palabras que oían. Y, ciertamente, no era un mensaje fácil de sostener.

En la actualidad, aunque decimos que comprendemos más, creo que no estamos tan lejos de aquellos que no entendían, e incluso de los que abandonaron. No porque no tengamos capacidad de comprensión, o porque (como muchas veces definimos) somos pecadores, sino porque nos resulta difícil sostener todo el mensaje de Jesús.

Antes citábamos a Bernanos y su pensamiento: “La palabra de Dios es como fuego ardiente y nosotros sentimos la tentación de acercarnos a ella con tenazas para no quemarnos”. Y me parecía interesante, porque es muy gráfica la frase y la imagen que nos queda, creo refleja lo que puede ser nuestra vida. No somos unos desertores, ni nos negamos al mensaje de Jesús, sino que incluso nos esforzamos por llevarlo adelante, pero también (nos suele pasar) somos selectivos con lo que aprendemos de Dios.

De alguna manera, a la Palabra de Dios, nos acercamos con tenazas, con pinzas, para que no nos queme, porque el mensaje abrasa y no queremos quemarnos. Esto se parece un poco a ir a un restaurante, donde elegimos a la carta lo que queremos comer, y pensamos que con la propuesta de Jesús podemos hacer lo mismo. Pretendemos ser selectivos con lo que él nos ofrece como forma de vida y, no hay vuelta de hoja, o lo tomamos completo o lo dejamos.

De hecho, si nos fijamos en la reacción de Jesús, ante el abandono de los que lo seguían, vemos que pregunta al resto si también lo van a dejar. Él no se detiene a reformular su propuesta, diciendo por ejemplo: «Bueno, muchachos, ¡no se pongan así! Vamos a ver, ¿qué les ha gustado más? Hagamos una cosa, ustedes me escriben en un papel lo que más les ha gustado del encuentro y el mensaje y de ahí vemos cómo hacemos para seguir adelante. ¿Les parece?» No. No hace replanteos. El que quiera y se anime, que lo tome.

Y para nosotros, entonces, también nos suena duro, porque la propuesta que recibimos es la misma, y nosotros somos los que decidimos aceptarla o no. Sin embargo, nos gusta agarrar las pinzas para acercarnos a la Palabra, pero sin quemarnos. Es así que surgen algunas contradicciones en nuestras vidas. Por ejemplo hablamos y predicamos el perdón, pero nosotros no somos capaces de perdonar. O tal vez, afirmamos con total rotundidad que Jesús es la Verdad, pero nuestra vida, en muchas ocasiones, se vuelve una mentira. Y eso de amar a los enemigos, decimos, está bien saberlo, pero llegar a ese grado de amor, difícilmente lo alcanzamos. Y así de ardiente es el mensaje de Cristo. Quema, y el que lo quiere se tiene que quemar.

De este modo, casi de un modo inconsciente, porque no queremos quemarnos del todo, empezamos a elegir lo bonito del Evangelio y “lo que no nos va”, o no nos gusta, lo dejamos de lado. Sin embargo, el mensaje de Jesús es uno y no lo podemos fraccionar a gusto.

¿Qué, es muy radical el mensaje? Claro que lo es, porque Jesús es muy radical y consecuente con lo que predica. Y, a pesar de lo cuesta arriba que se nos hace, sin temor a equivocarnos, podemos decir que si decidimos ser cristianos, seguidores de Cristo, es el camino que tenemos que hacer, completo y sin medias tintas.

Y claro que podemos pensar que así nadie aguanta, porque sabemos que somos débiles y que frecuentemente nos estamos contradiciendo, pero nadie, ni Jesús, ha dicho que seguirlo no tiene golpes y ni caídas, o incluso retrocesos. Pero eso no quita que nuestra convicción y lucha sea llevar adelante lo que él nos propone. Para eso no viene a bien lo que el Señor le dice a san Pablo: Te basta mi Gracia, porque ahí reside la fuerza de nuestra lucha y esfuerzo por caminar los pasos del mismo Cristo.

Hoy Jesús nos vuelve a decir: «¿También ustedes quieren irse?»

¿Qué le vamos a responder?

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