Más allá

Tres Personas (blog) Ciclo B – Domingo IX TO Santísima Trinidad

Mateo 28, 16-20 Después de la resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo».

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De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.

A Bernard Shaw le preguntaron una vez si creía que el Espíritu Santo había escrito la Biblia. Y contestó: Todo libro que vale la pena de ser releído ha sido escrito por el Espíritu. Es decir, un libro tiene que ir más allá de la intención de su autor. La intención del autor es una pobre cosa humana, falible, pero en el libro tiene que haber más. El Quijote, por ejemplo, es más que una sátira de los libros de caballería. Es un texto absoluto en el cual no interviene, absolutamente para nada, el azar.

Esta es una extracción de un texto de Jorge Luis Borges, titulado “El libro”, una conferencia que se transcribió y publicó en “Borges oral”. Y si bien tiene una referencia a nuestro libro de cabecera, el de los cristianos, es decir la Biblia, me resultó inspirador para poder comentar algo acerca del Evangelio y la Solemnidad de la Santísima Trinidad.

Jesús hace un planteamiento muy claro y preciso. Envía a sus apóstoles a hacer, a todo los pueblos, discípulos del mismo Cristo, teniendo como signo de tal pertenencia el bautismo. Bien podríamos decir que envía a los suyos a que hagan posible que más personas sean partícipes de la vida de Dios.

Y si pensamos en la Santísima Trinidad, lo primero que recordamos es la definición del catecismo: Tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Y claro que podemos seguir en la línea de las afirmaciones teológicas, muy importantes todas, para saber que Dios Padre engendra al Dios Hijo y que de ambos procede el Dios Espíritu Santo, fruto del amor entre el Padre y el Hijo. No son tres dioses, no nos confundamos (aunque esto se torna ya un poco confuso), sino tres personas pero un único Dios.

Y claro que no es fácil poder acceder a todo este razonamiento. Y parece más sencillo ver y aprender lo que Jesús dijo e hizo. Aunque eso también pueda volverse un auténtico desafío. Y es en eso mismo que vemos en Cristo donde vamos a experimentar, y tal vez entender, quién es Dios.

La intensión más clara de Jesús es que todo lo que él ha revelado del Padre no quede encapsulado en un círculo, en unos pocos, como había sido hasta ese momento. La religión, Yahveh, era para unos sabios, una casta sacerdotal y para quienes, según la ley y los preceptos, estaban a bien con Dios. Pero en este caso el Hijo de Dios rompe fronteras, no sólo geográficas, sino también del entendimiento y el corazón. El Dios revelado no puede quedar atrapado en unas leyes y tampoco en la mezquindad que llega a experimentar un corazón.

Cristo quiere que todos los pueblos sean sus discípulos, porque él mismo experimenta que ese amor entre él y su Padre no conoce acepción de personas o razas. Es extensivo, como un libro puede ser extensivo de la memoria o la imaginación. Es para todos, incluso para quienes —por ejemplo a nosotros— nos pueden parecer despreciables, sin religión, ignorantes y sin moral. Es también para esos que juzgamos indignos, los que tal vez Jesús llamó enfermos o pecadores, porque por estos vino él. Sabiendo que sólo basta que se lo acepte en el corazón para ser de Dios. Y esto último, seguramente, se significa en el bautismo.

Antes citaba a Borges, quien habla del libro en sentido amplio, aunque se refiere a la Biblia en particular. Y nos plantea esa amplitud y el ser absoluto del libro que es más de lo que está escrito. Y esto, tal vez, pueda ayudarnos a entender la Santísima Trinidad. Es que Dios va más allá de toda definición, como un libro va más allá de la intención del autor. Toda definición sobre Dios es —parafraseando a Borges— una pobre cosa humana y falible, porque Dios es mucho más.

Y eso es lo que Jesús nos reveló, lo que nos dijo con sus palabras y sus actos: Que Dios no sólo ama, sino que es el amor. Y para poder llegar a entender con profundidad esta realidad, tendremos que intentar vivir en esa dimensión que abarca y envuelve todo lo que es Dios: El amor.

Dios uno y Dios trino. Tal vez nos resulte algo difícil poder comprender todo esto, aunque, probablemente, un camino seguro sea intentar vivir como el Hijo, como Jesús, para experimentar, no sólo el amor al Padre y del Padre, sino también el amor al prójimo. Y una vez envueltos en este amor veremos, con más claridad, quién es Dios, mucho más que cualquier definición.

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