Ahora

Ahora

Marcos  13, 33-37
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa: si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.
Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!
__________

Un alemán pasea por Santiago. Ve a un paisano acostado, bajo la sombra de un algarrobo. Desperdigadas, aquí y allá, ramonean las cabras, algunos carneros y sus crías.

—Mira —le dice el alemán— con todas esas cabras, ¡la plata que podrías hacer! Sacando la leche, fabricando queso y vendiendo al por mayor.

—¿Y para qué? —contesta el santiagueño.

—¡Para acumular capital!

—¿Y para qué quiero acumular capital? —pregunta el santiagueño.

—¡Con ello compras máquinas y levantas instalaciones, industriales.

—¿Y para qué quiero todo eso?

—¡Hombre, con eso ganarás un dineral y pronto podrás abrir sucursales por todos los pueblos, alrededor!

—¿Y para qué? —sigue el santiagueño.

Casi sin poder dar crédito a lo que considera un grado inmenso de estupidez de su interlocutor, el alemán se arma de paciencia y lo ilustra: “Pues con una empresa grande, con muchas sucursales, tendrás ingresos de dinero por muchas partes, ¡y así te convertirás en millonario!

—¿Y para qué quiero ser millonario? —se obstina el santiagueño.

—¡Para descansar! Cuando llegas a ser millonario, ya no tienes que hacer nada. Tendrás muchos que trabajarán para vos, y vos podrás dedicarte solamente a descansar… ¡A descansar, tranquilo! —se entusiasma el alemán.

Y contesta el santiagueño: “¿Y qué crees que estoy haciendo ahora?”

Este chiste del humorista argentino, Luis Landriscina, nos lleva el pensamiento a la manera de ser de las personas, hijos todos de una idiosincrasia y un contexto que terminan de completar a cada ser humano. Curiosamente, me parece que nos puede ayudar a encontrar lo esencial de este evangelio y de lo que Jesús nos ofrece.

Estamos comenzando el Adviento y un nuevo ciclo litúrgico, el ciclo B. La palabra de Dios nos pone en alerta, nos dice que estemos preparados porque no sabemos la hora ni el día en que el dueño de casa puede llegar. Son los servidores, somos nosotros, los que debemos estar atentos y no dormirnos.

Lo primero que podemos pensar, después de escuchar la Palabra, es que el dueño de casa es Dios y los servidores, a quienes deja el cuidado de la casa, somos nosotros. Por lo tanto es deber nuestro el cuidar, el velar, y estar siempre preparados, para que no nos sorprenda en falta un regreso repentino o anticipado del dueño, es decir de Dios. Y esto, a mi entender, por un lado lo hemos asociado a preparar la casa interior, para cuando llegue el Señor, principalmente si pensamos en Navidad. En adviento tenemos el tiempo propicio —decimos— para limpiar nuestro corazón y poder recibir a Jesús. Por otro lado, con un sentido más amplio, también entendemos que este evangelio nos llama a estar preparados, con la valijas listas, no sea que el Señor nos llame y no encuentre lejos de él, en falta, y no podamos ir al cielo.

Son reflexiones muy válidas. De hecho, la recomendación de Jesús, es muy contundente: ¡Estén prevenidos! Y claro que intentamos estarlo, pero como nos parece que todavía no va a suceder, o que falta tiempo, porque somos muy jóvenes o porque tenemos una salud de hierro, todo esto de estar con la casa en orden o tener las maletas preparadas, lo tomamos con calma. Morir —decimos— no me voy a morir todavía, y Navidad, bueno, Navidad sucede todos los años.

Aún así, sin dejar de dar importancia a todo lo anterior y teniendo en cuenta que, a pesar de sentirnos muy fuertes y casi invencibles, siempre nos puede tocar rendir cuentas, pero creo que lo esencial del mensaje de hoy ronda otros caminos. Y me parece que está sujeto al tiempo y a la persona.

El chiste del principio lo traje porque que creo que revela, al menos, una actitud de vida. Claro que es loable la inteligencia y propuesta de trabajo y progreso que hace el alemán, para por fin terminar en la misma situación que, según le santiagueño, ya está disfrutando. Para este último lo que importa es el ahora, nada más. Y esta es la postura que deberíamos tomar después de leer o escuchar el evangelio de hoy.

Por supuesto que no fomento la vagancia o la parsimonia (por favor no entiendan que afirmo que los santiagueños son vagos) y claro que el trabajo y el ser productivos siempre es mejor, pero digo que vivir con la actitud del que está descansando debajo el algarrobo, vivir el ahora, es lo que tenemos que hacer. Es ahora cuando hay que servir, amar, ayudar, perdonar y no sólo quedarnos en planes y esperas interminables. Ocuparse de los menesteres de la casa del Señor quiere decir vivir a cada momento haciendo lo que entendemos que es su voluntad. Es ahora, no después, y Jesús nos está pidiendo que no nos durmamos, que velemos, que vivamos el presente de su amor. Y esto se corresponde con su esencia.

Dios es un eterno presente y podríamos decir que para él siempre es hoy cuando tenemos que velar, amar y servir. De nada valen nuestras especulaciones, con tal de diferir aquello a lo que estamos llamados. Y esto no sólo en Adviento, sino todo el año. Estos tiempos litúrgicos nos ayudan a recapacitar y recapitular, pero vivir el amor de Dios en tiempo presente es lo que deberíamos hacer siempre.

Vale más vivir el amor, aunque tal vez con imperfección, que prometer hacerlo con total perfección. El hoy lo tenemos, el futuro nadie sabe qué será.

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