Ver

Jesús en el ojoJuan 14, 1-12
Durante la última cena, Jesús dijo a sus discípulos: «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy». Tomás le dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?» Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto». Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que Yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que Yo hago, y aún mayores, porque Yo me voy al Padre».

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“Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante”. Es una frase de George Orwell. En principio parece hasta contradictoria, pero dice una gran verdad: A veces, miramos sin ver. En ocasiones nos pasa cuando buscamos algo y, tal vez por el apuro, los nervios o el descuido y la distracción, no somos capaces de ver el objeto perdido que está delante de nuestros ojos. Esto, según mi parecer, nos pasa mucho más cuando se trata de cosas que las ponemos en el orden de lo sobrenatural y lo espiritual.

El evangelio de hoy nos presenta, de parte de Jesús, una declaración de intenciones precisa y una clara y profunda revelación de quién es él. No hay parábolas ni ejemplos para que los apóstoles comprendan que, quien está delante de ellos, es el mismo Dios. Hay un mensaje claro y directo. Sin embargo, parece que queda todavía alguna duda en los discípulos que lo escuchan decir que quien lo ve, ve al Padre. Y esto, tengo la impresión, es lo que le pasa a muchas personas, incluso a nosotros los cristianos.

Cuando leo que Jesús le dice a Felipe: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?», pienso si no soy Felipe. Cualquiera diría que, siendo yo sacerdote, cómo voy a hacerme esas preguntas, pero lo cierto es que una cosa es saber de Dios y otra conocerlo realmente. Esto segundo es lo que no podemos descuidar. Él siempre es una novedad y no podemos pretender meterlo todo en nuestro entendimiento, como si de una cálculo matemático se tratara. Y, entiendo, conocerlo es saber qué nos pide y hacia dónde vamos.

Qué nos pide, tal vez lo podamos resumir en los dos mandamientos que Cristo nos deja: Amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. De aquí se desprende todo lo que puede ser nuestra vida. Si amamos no haremos daño, no engañaremos, no mataremos. Sólo buscaremos el bien del que tenemos a nuestro lado. Y amar a Dios es convertirlo en nuestro centro de atención y existencia. Aquí, seguramente, está marcado el camino a seguir, que es el mismo Jesús.

Y si Jesús es Camino, entonces es el ejemplo que debemos seguir. Imitarlo, hasta las últimas consecuencias, debería ser nuestra prioridad, pero sabemos que en esto casi todos, alguna vez, fallamos. A veces, nos gusta más hacer nuestros propios caminos, que no se parecen en nada al de Cristo. Y con esto no estoy diciendo que todo debe ser una cruz. No podemos quedarnos sólo con el Cristo del calvario, aunque en más de una ocasión nos toque sufrir. También está el Cristo que hace el bien, el que cura enfermos, el que hace milagros, el que levanta al que está caído, el que sostiene, el que acompaña, el que se entrega, el que cree en la persona que pide perdón, el que perdona, el que da esperanza, el que alimenta. Estas son las obras que deberían hacernos creer en él.

De esta forma descubrimos, además, que él se nos revela como Verdad y como Vida. Es que cuando hacemos nuestros aquellos ejemplos, nos volvemos otro Cristo, y no hay más verdad ni vida que la que Dios nos ofrece. Así es como llegamos a la plenitud, como lo hizo el Hijo de María y de José. Pero si esto de imitar a Jesús sólo nos pasa como anécdota en distintos momentos de nuestra existencia, seguramente terminemos diciendo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta», como Felipe, porque aún no conocemos realmente quién es Jesús.

George Orwell decía “Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante”, y tiene razón. Si nos descuidamos, si nos distraemos, fácilmente dejaremos de ver a Jesús delante de nosotros. Esto supone que dejaremos de imitarlo y que Dios se nos irá haciendo, cada vez más, un completo desconocido. Y para que esto último no suceda, tal vez debamos recordar que conocer a Dios es estar en plena comunión con él.

Y si seguimos hablando de ver, un desafío tan grande como todo lo anterior, es procurar que los demás vean cómo vivimos, intentando parecernos a Jesús. Este esfuerzo decidido, esta actitud, tal vez, los lleve a vivir de una manera parecida, no porque nosotros seamos el ejemplo, sino porque ellos también quieren parecerse a Cristo, porque han descubierto, viendo con atención, que el modelo, el camino, la verdad y la vida es él y no nosotros. Pensemos lo que pasa (y es lo que muchos nos reclaman) cuando decimos que Dios es nuestra opción y vivimos haciendo lo que no hace más que negar que somos hijos de Dios. Esto es una gran responsabilidad.

Finalmente, sin pensar en totalitarismos, aunque sí en la globalidad que vivimos, el mismo Orwell dice: “En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”. Entonces, si la mentira se ha univesalizado en la sociedad y el mundo, tal vez es necesario hacer que la verdad vuelva a reinar, y para nosotros la verdad es Dios. Que él reine, empezando por hacerlo en nuestras vidas.

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3 thoughts on “Ver

  1. cuànto nos dice este ùltimo pàrrafo…….en una sociedad tan falta de valores y de frivolidades……pidamos que
    reine ek evabgelio y JESUS en nuestras vidas, como ud. dice……..en bùsqueda permanente de SU verdad…..
    que podamos VER….

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  2. Hola Eduardo , Soy Loli ,la sobrina de Luis Maria Allende. Quería contarte que él mañana cumple 87 años y estamos organizando una comida en su casa.Te esperamos a partir de las 21hs a comer ,sería una muy linda sorpresa para él contar con tu presencia.Cualquier cosa duda este es mi mail y el celular de Pilar ,su hija es 1162783367. Te mando un beso Loli

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