Revolución

Quien nos necesita pasa a ser parte de lo que somos...
Quien nos necesita pasa a ser parte de lo que somos…

Lucas 10, 25-37

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?» Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?» Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo». «Has respondido exactamente, -le dijo Jesús-; obra así y alcanzarás la vida». Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?» «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».
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Una palabra que puede ser adecuada para la lectura de este evangelio es: Revolución. Primero la podemos definir como: Cambio inmediato o transformación radical y profunda respecto al pasado. Y por supuesto que existen muchos tipos de revolución. Hay revolución política, social, económica, científica, tecnológica, industrial. Esta última tuvo un gran impacto en el mundo y produjo un cambio social muy fuerte. Pero no vamos a hacer un análisis socio-económico. Sí nos podemos quedar con la idea de cambio radical.

Tenemos a Jesús que responde a los cuestionamientos del doctor de la ley. Ciertamente son preguntas importantes. Querer saber acerca de lo que hay que hacer para ganar la vida eterna, es más que simple curiosidad. De hecho, de una u otra forma, nos seguimos preguntando lo mismo. Y realizamos determinadas prácticas religiosas, con tal de ir al cielo. Pero lo más interesante del evangelio llega cuando aquél doctor quiere saber quién es el prójimo al que hay que amar.

Sabemos la respuesta de la pregunta acerca de la vida eterna. El doctor de la ley también la sabía. Pero aún así aprende algo nuevo y que hasta ese momento nunca se había planteado. Es algo Revolucionario. Y esto a partir del ejemplo que Jesús relata. Es el samaritano, el que no tenía trato con los judíos, el que socorre al que había sido asaltado mientras bajaba de Jerusalén. Entonces se descubre un nuevo concepto de prójimo. Hasta entonces, este término hacía referencia a alguien que estaba fuera, digamos, en el mundo exterior de la persona. Esto también era lo que el letrado preguntón entendía. Y ahora, con lo que Cristo dice, el prójimo pasa a formar parte del entorno propio. Importa la relación interpersonal con el que está delante de uno y necesita ayuda. El nuevo concepto, dado por Jesús, implica involucrarse, sentir con el otro, hacerse uno con el que sufre.

Este es un concepto revolucionario, aunque a nosotros no nos parezca tanto. Cabría entonces pensar y reconocer qué entendemos cuando decimos prójimo. Y para esto nos podemos preguntar: ¿Cómo nos comportamos, por ejemplo, con un indigente que encontramos en la calle? ¿Le damos algo y seguimos nuestro camino? ¿Nos acordamos de esa persona dos, tres, o cinco minutos más tarde? Es verdad que tal vez no podamos hacer todo por todos, pero sí al menos algo por algunos. Y aquí es probable que encontremos que nuestro concepto de prójimo está más cerca del que tenía el doctor de la ley y no muy parecido al de Jesús. Sea como sea, lo importante será que, a partir de hoy, procuremos llegar más al que Dios tiene pensado.

Cristo nos enseña que quien nos necesita tiene que pasar a formar parte de lo que somos. El dolor del otro, se hace nuestro. No podemos tratarlo como a una mesa que tiene rota una pata, a la cual, una vez arreglada, no le hacemos caso hasta que necesitamos apoyar algo sobre ella. Y esto que Dios enseña lo vemos reflejado en el relato. Aquél samaritano, cuando se encuentra al que estaba tirado al costado del camino, se conmueve, es decir se emociona, su vida se ve alterada. Incluso es posible que haya llorado. Y tanto le importa el medio muerto, que pagará lo que el dueño del albergue gaste de más por cuidar al enfermo. ¿Es acaso así nuestro concepto, nuestra forma de entender quién es el prójimo?

Estoy convencido de que si los cristianos, aquellos que decimos que creemos en el amor, actuáramos de forma semejante al samaritano, amando y socorriendo al que necesita ayuda, sea quien sea, se hablaría más de esta revolución de amor y menos de la revolución industrial o de cualquier otro tipo. Porque lo único que importa es salvar, ayudar, levantar, sostener, alimentar, curar, amar, a quien tenemos delante. Como Dios hace con nosotros.

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